La Ruta del Vino de Jujuy dejó de ser una proyección a futuro para consolidarse como uno de los productos turísticos más singulares del norte argentino. Con un recorrido de más de 150 kilómetros, que conecta los valles templados con la Quebrada de Humahuaca, la provincia fortalece una propuesta que combina paisaje, identidad cultural y producción vitivinícola de altura.
El crecimiento del sector se ve acompañado por nuevas obras de señalética turística, una herramienta clave para mejorar la experiencia del visitante y ordenar el circuito, que hoy reúne 20 establecimientos distribuidos en dos regiones con perfiles bien definidos.
En este sentido, el ministro de Cultura y Turismo, Federico Posadas, destacó el momento que atraviesa la Ruta del Vino jujeña:
“Estamos avanzando con la señalética tanto en los valles templados como en la quebrada. Hoy contamos con 4 bodegas en los valles y 16 en la quebrada, con un crecimiento exponencial. Buscamos que tanto turistas como jujeños puedan ubicar fácilmente los establecimientos y seguir potenciando este producto icónico”.
Un recorrido entre dos geografías y dos identidades
La diversidad territorial es uno de los grandes diferenciales de Jujuy. En pocas horas, el visitante puede transitar desde paisajes verdes y climas templados hasta viñedos de altura extrema, donde la vitivinicultura desafía los límites tradicionales.
Valles templados: vino, relax y gastronomía
En el sur de la provincia, los valles ofrecen una experiencia vinculada al descanso y la cercanía con la naturaleza. Localidades como Monterrico concentran proyectos que integran viñedos, gastronomía y alojamiento, mientras que San Salvador de Jujuy se suma al circuito con propuestas urbanas que combinan wine bar, cocina de autor y producción local.
Quebrada de Humahuaca: vinos de altura y experiencias culturales
En territorio declarado Patrimonio Mundial, la Ruta del Vino alcanza su expresión más singular. Con 16 bodegas en funcionamiento, la Quebrada propone mucho más que degustaciones: ceremonias ancestrales vinculadas al vino, ciclos de arte y música, cocina regional y viñedos emplazados a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
Purmamarca, Maimará, Huacalera y Uquía concentran experiencias donde el paisaje, la cultura y la producción se integran de manera natural, destacándose la presencia de la cava más alta del mundo y propuestas gastronómicas basadas en el concepto de slow food y productos orgánicos de origen local.
Infraestructura que potencia el desarrollo
La incorporación de señalética específica permite visibilizar y facilitar el acceso a bodegas ubicadas en distintos puntos de la provincia, promoviendo un recorrido ordenado y seguro. Esta infraestructura no solo mejora la experiencia turística, sino que fortalece a los productores locales y distribuye el flujo de visitantes en todo el territorio.
La Ruta del Vino de Jujuy se consolida así como una invitación a descubrir la Energía Viva de la provincia: vinos con identidad, paisajes extremos y una cultura que transforma la geografía en experiencia.